Al tercer día, el poeta subió a los cielos: García Lorca cumple 100 años

Rei Berroa
George Mason University



      Lorca-poeta, Lorca-dramaturgo/actor, Lorca-músico, Lorca-pintor... Harto enmarañado negocio es hablar de Federico García Lorca en unas cuantas cuartillas, sobre todo cuando el que se aplica a la tarea ha dedicado años de su vida al estudio del poeta, publicando artículos, dictando conferencias y cursos enteros sobre la obra del más celebrado poeta español del siglo y uno de los escritores más famosos de toda la literatura del siglo XX. A nadie escapa el hecho de que toda fama es una suma de equívocos y así vemos que el elemento primero de la fama lorquiana está ligado a su relación con el pueblo andaluz. No hay duda de la estrecha unión entre Andalucía y Federico García Lorca, pero basar en ello la fuerza expresiva del poeta nos llevaría a problemas insolubles sobre la relación entre un texto y su contexto. La verdad monda y lironda es que nuestro poeta se acercó a los genios múltiples del Renacimiento, descollando en varios modos de manifestación artística. Claro que, a diferencia del Renacimiento en que el artista tendía al equilibrio de todas sus facultades, el mundo del siglo XX ha tendido hacia la especialización, lo cual hace mucho más difícil, si no imposible, la aparición del genio múltiple. A pesar de ello, Lorca es genial en las manifestaciones artísticas que toca, especialmente como  poeta dramaturgo. Me atrevería a decir que su imaginación, como la del pueblo andaluz que se expresa constantemente en sus obras, está siempre en domingo, lo cual le sirve bien para captar todo lo vital instantánea, espontáneamente. Concentrémonos, pues, en unos cuantos hitos de su admirable biografía y veamos cómo desliar el ovillo de su paso fugaz (vida, pasión y muerte) por todas las manifestaciones del arte, desde su nacimiento en 1898 hasta su muerte en 1936 dos fechas claves de la historia patria, ligadas para siempre, y a pesar de él y de nosotros, a dos guerras: la civil (1936) y la de los Estados Unidos (1898).

        El 5 de junio de 1898, mientras los periódicos abundaban en noticias sobre la guerra de Cuba entre España y los Estados Unidos, nacía un niño, en la población granadina de Fuente Vaqueros, al que sus padres, a los seis días de nacer (el 11 de junio),  bautizaron con el nombre de Federico del Sagrado Corazón de Jesús. La madre, Vicenta Lorca Romero, original de Murcia, había llegado a Fuente Vaqueros en 1892 como maestra de la escuela primaria del pueblo. El padre, Federico García Rodríguez, original de allí mismo, había quedado viudo en 1894, después de 14 años de matrimonio con Matilde Palacios, quien no había podido tener hijos. Esta, que venía de una familia bien acomodada, dejó una considerable cantidad de dinero a su esposo, quien de inmediato invirtió el dinero en la compra de tierras para mejorar la situación económica de sus ocho hermanos. Muchos años después, mientras escribía Yerma (la mujer frustrada por su incapacidad para dar a luz [o por la impotencia de Juan, su marido]), García Lorca se referiría a esa mujer cuya fotografía, en su casa, serviría de constante recuerdo de que Matilde pudo haber sido su madre.

       Como si la realidad imitara a la ficción, Vicenta, de  precaria salud, no pudo amamantar al niño, así que la esposa del mayordomo de la propiedad, que hacía poco acababa de dar a luz , fue la nodriza del poeta. Igual que uno de sus tíos, Baldomero García -músico, cantante, cuentista y bohemio- Federico nació con los pies planos y la pierna izquierda ligeramente más corta que la derecha. Ahora bien, lejos de sentir que este impedimento de alguna forma le restringía, el niño-poeta lo utilizó para su ventaja, y así, mientras los demás niños corrían y saltaban por las calles de Fuente Vaqueros, Federico convocaba reuniones en el ático de su casa en donde oficiaba de verdadero juglar para los demás, organizando recitales de música y poesía, contando historias, haciendo juegos de marionetas. No hay que olvidar, al mismo tiempo, que todos los tíos vivían en el pueblo, por lo que el niño tenía más de 40 primos a quienes entretener. Uno de sus juegos favoritos era el de la celebración de una misa en el patio de la casa a la que todos los que estuvieran en las inmediaciones debían asistir. La única condición que se les pedía era que debían llorar durante el sermón, cuidadosamente preparado por el chico para cada ocasión. En 1906,  este juego fue substituido por las marionetas, cuando el  niño asistió a su primera experiencia con los muñecos en la plaza del pueblo. Obsesionado por ese mágico mundo, repartió las diferentes responsabilidades entre primos y amigos y se dedicó a organizar espectáculos de muñecos para todos. Sería éste, sin duda alguna, el germen de su vocación teatral, que nace precisamente de los juegos de marionetas. Cuando el 22 de marzo de 1920, el teatro Eslava de Madrid estrene su primera obra, El maleficio de la mariposa, farsa de marionetas que irónicamente expresa el propio malestar del poeta de que sólo amamos lo bello, se iniciará una de las carreras más brillantes de la dramaturgia española del siglo XX. Al mismo tiempo, este concepto del teatro itinerante estará presente en el más importante ejercicio público de teatro que jamás se había llevado a cabo en España: La Barraca. Este grupo de teatro, fundado en 1932 por la República y dirigido por Federico y otro dramaturgo del momento, Eduardo Ugarte, llevó durante cuatro años el teatro  popular, clásico y nuevo por toda la geografía de los pueblos de España, muchos de los cuales no habían visto jamás una representación teatral.

      Pero no sólo de teatro se alimentó el niño. Otro de sus tíos, Luis García, fue en su tiempo un celebrado pianista de Granada y tocaba igual la guitarra que la flauta o la bandurria. El tío Enrique y sus nueve hijos, además, tenían todos afición a la música, así que la madre instó a Federico a que siguiera los pasos musicales de sus tíos, haciéndole aprender a tocar el piano y la guitarra. Fue Isabel, su tía menor, quien le inició en sus primeras lecciones de guitarra. En el verano de 1909 la familia se mudó a Granada porque Federico padre pensó que era el mejor lugar para la educación de sus hijos. Entre las personas que venían con frecuencia a ayudar en los oficios de la casa, García Lorca recordaría a Dolores Cuesta, la nodriza de su  hermano Francisco, verdadera fuente de historia popular. Cuando, muchos años después, el poeta dictara su conferencia sobre las nanas infantiles, se referiría a todas estas nodrizas, mujeres del campo y las montañas, como la verdadera y única fuente que tienen los aristócratas para conocer el acervo popular. A poco de establecerse en la ciudad, Federico encontró en Antonio Segura el maestro que necesitaba para sus lecciones de piano y se dedicó fervientemente a ellas, dejando algo de lado la carrera de leyes que su padre le había insinuado tomar. Tal era el talento de Federico que el maestro empezó a insistir a la familia desde 1914 en que había que enviar al muchacho a París. Pero al terminar las clases en 1916, murió el  maestro y el padre se negó rotundamente a que su hijo se marchara a París a iniciar una esperanzadora carrera de pianista. Además de este hecho, el verano va a hacer soplar otros dos vientos determinantes para el abanico artístico de Lorca.

      Cada verano, el profesor de Teoría Literaria de la Universidad de Granada, Martín Domínguez Berrueta, organizaba con sus alumnos un viaje artístico-literario por algunos pueblos de España. Ese año el viaje se llevaría a cabo en junio, dos semanas después de la muerte de Segura. Una de las primeras paradas del grupo fue en Baeza, en donde estaba Antonio Machado enseñando francés en el Instituto del pueblo. Este breve contacto con Machado y el hecho de que su padre se negara a enviarlo a París influyeron decisivamente en su cambio de dirección. En una nota autobiográfica de 1929 en Nueva York, el poeta diría que con la muerte de su maestro y la negativa familiar, todas sus energías creativas -para bien nuestro y de la literatura universal- se volcaron sobre la poesía. Pero en ese mismo viaje nació también el germen de su vocación pictórica, pues en Córdoba se estaba exponiendo la obra de Juan de Valdés Leal, el pintor barroco obsesionado con la muerte, cuya obra Finis Gloriae Mundi Lorca no conocía y en la cual se muestra un obispo con el cuerpo lleno de gusanos en estado de mísera putrefacción. La visión dejó en él una  marca indeleble que recorrería toda la geografía de su obra: su irreversible obsesión con la muerte. Este y otros dos viajes en 1917 con el mismo Berrueta, con quien pasó el verano en Burgos, le dieron casi todo el material para su primer libro Impresiones y paisajes, publicado en marzo de 1918, época para la cual Federico había definido ya su dirección creativa, pues escribía a diario febrilmente.

       En el verano de 1919, Lorca conoció a Manuel de Falla, quien acababa de mudarse a Granada. De ese contacto surgió una amistad que duró hasta la muerte del poeta y una colaboración artística que produciría en Granada el Primer Festival del Cante Jondo en 1922. Don Manuel le ofreció lecciones de piano y Lorca se dedicó a estudiar profundamente las raíces del canto y de la vida de los gitanos. Dos de sus obras maestras nacieron precisamente a partir de este encuentro: Poema del cante jondo (que no se publicó sino hasta 1931, pero que ya tenía forma de libro en 1922) y Romancero gitano de 1928, libro que lo lanzaría de inmediato a la fama internacional. De este encuentro con Falla surgió también la vuelta de Federico a las marionetas, pues don Manuel creía fervientemente en el teatro de guiñol y trabajaba entonces en su Retablo de Maese Pedro que terminaría en 1923. Falla incluso le animó, indicándole que iba a involucrar a Stravinsky y a Ravel y que el "Teatro de Marionetas de Granada," como ya  habían llamado al proyecto, viajaría por Europa y América del Sur. De esa ilusión saldría la Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita (que no se estrenaría sino hasta 1934 en Buenos Aires) así como La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón montada en enero de 1923 con Falla al piano.

     Terminada finalmente la carrera de leyes para satisfacer al padre, Federico se trasladó a la Residencia de Estudiantes de Madrid, en donde trabaría íntima amistad con Dalí y Buñuel. La amistad con Dalí, sobre todo, marcaría profundamente a Lorca y entre los tres se lanzaron a la aventura, más tarde, de crear el primer guión español cinematográfico para una película. Poco tiempo después, Dalí y Buñuel descartarían a Lorca para producir en París en 1928, bajo un gran escándalo público Un chien andalou que Lorca siempre pensó que había sido producida con ocultas referencias a él mismo. Aprovechando que su nuevo amigo había sido invitado a leer su obra en el Ateneo de Barcelona, Dalí invitó a Federico a pasar la Semana Santa de 1925 con su familia en Figueres y Cadaqués. Igual que Federico había sido conquistado de lleno por el genio de Dalí, la familia de éste quedó totalmente hipnotizada por el genio de Federico, sobre todo la hermana, Ana María. Después de una lectura de Mariana Pineda, que el poeta había terminado el año antes, el entusiasmo de los Dalí fue tal, que proclamaron a Federico el poeta más grande del siglo y Salvador no tuvo reparo en presentarlo de esta manera a sus amigos catalanes. Fue este encuentro con Dalí lo que revivió en Lorca su pasión por la pintura, hasta tal punto que en junio de 1926, al tiempo que Margarita Xirgu estrenaba Mariana Pineda en el Teatro Goya de Barcelona, con gran éxito, una de las galerías de arte más prestigiosas de Barcelona, la Dalmau, hacía una exposición individual de 24 dibujos del poeta. En el momento de su muerte y dispersos por la geografía americana y europea, el poeta había producido más de 400 dibujos, reunidos finalmente por Mario Hernández en 1986 en un catálogo auspiciado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España para la exposición de los dibujos de Federico que viajaría por Caracas, Buenos Aires, Montevideo, México y Nueva York, como parte de las celebraciones para el centenario del poeta.

      En febrero de 1927, el poeta corrigió las pruebas de sus Canciones, libro fascinante en que se ve el mundo desde la perspectiva del niño y que fue recibido con entusiasmo por la crítica. De hecho, uno de los críticos, Ricardo Baeza, llegó a titular su ensayo en el periódico El Sol, dirigido por Ortega y Gasset: "Una generación y su poeta" indicando que Lorca debía publicar de inmediato su Romancero gitano, libro que lo convertiría instantáneamente en el gran poeta de España. En octubre se estrenó en Madrid Mariana Pineda con gran éxito de crítica y de público. Para esos días, toda España celebraba el tercer centenario de la muerte de Góngora. Ignacio Sánchez Mejías, el torero que había escrito algunos versos, organizó y auspició un encuentro de poetas en Sevilla, mientras la Residencia le pidió a Federico que hablara sobre Góngora la noche antes de la partida del grupo para el sur, conferencia que lo hizo famoso como conferenciante. El grupo de los "siete literatos de Madrid" o la "Brillante Pléyade," como dijo la prensa de Sevilla, estaba compuesto de Lorca, Alberti, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Juan Chabás, José Bergamín y Jorge  Guillén. En Sevilla, Lorca conoció a Luis Cernuda, iniciándose entre ambos una curiosa amistad, pues Cernuda, profundo, tímido y solitario, fue siempre reticente a las amistades.

      En julio de 1928, salió finalmente el libro más esperado de la literatura de su tiempo: Romancero gitano. La fama instantánea molestó mucho al poeta y así en junio de 1929, aprovechando la invitación de Fernando de los Ríos, que iba a Columbia University a dar unas conferencias, Federico se marchó a Nueva York, vía París y Londres. Está fuera de toda duda la tremenda sacudida que sufrió García Lorca al llegar a Nueva York. En el puerto le esperaban Federico de Onís, León Felipe y García Maroto, el pintor que había publicado su Libro de poemas en 1921. Se inscribió en las clases de Columbia, pero el salón de clase no era, no había sido nunca, su medio. Además de los amigos de rigor (los ya conocidos en Granada o Madrid), el poeta empezó a visitar los lugares frecuentados por los negros, en cuya música y situación social descubría gran afinidad con los gitanos. Nueva York le provocó una reacción de casi frenética y lúcida locura. Poeta en Nueva York, el libro de su experiencia en la gran urbe, celebrado por muchos como la obra poética cumbre de Lorca, no se publicaría sino hasta 1940, cuatro años después de su muerte.

      En marzo de 1930, el poeta desembarcó en Cuba para dar unas cuantas conferencias y recitales y visitar amigos. Cuba había seguido muy de cerca el éxito de Lorca y su Romancero era bien conocido en todo el país, hasta tal punto que se había difundido el rumor de que el poeta era gitano. En una de las conferencias en la Universidad, el poeta conoció al joven escritor José Lezama Lima, pero no parece que surgió nada de ese encuentro, pues no hay referencias sustanciales a Lorca en la ingente obra de Lezama. Por lo demás, sus anfitriones, Antonio Quevedo y María Muñoz, acapararon (o quisieron acaparar) la visita del escritor. En Cuba escribió una buena parte de una de las obras más ambiciosas de Lorca: El público, obra revolucionaria desde muchos órdenes, que explora magníficamente la libertad del amor en todas sus  manifestaciones, sobre todo la homosexual. Cuando,  en 1933, un periodista le preguntara por sus próximas publicaciones, Federico mencionaría los tres libros de poemas ya terminados y en busca de editor y las "ocho o nueve piezas de teatro" que estaban ya listas, pero al referirse a El público, no tuvo reparos en confesar que no se podría representar nunca en España. Era obvio que el pronunciado carácter homosexual de la misma no iba a tener público en el país y él lo sabía. Los tres meses de su estadía en Cuba fueron muy productivos para el poeta (también a nivel amoroso, aunque en su informe El poeta en La Habana, de 1961 Quevedo no mencione nada de ello). Como dije más arriba, allí se gestaría el primer borrador de El público, trabajaría en Yerma, ya bastante adelantada, y probablemente también en Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. Cuando el 12 de junio, Federico zarparía de regreso a España, le confesaría a sus íntimos que en Cuba había pasado los mejores tres meses de su vida.

      De regreso en Madrid en el otoño de 1930, Lorca reanuda sus contactos. Había ya pasado año y medio fuera y quería llevar a las tablas sus nuevos logros.  Amor de don Perlimplín con Belisa en el jardín, breve obra maestra sobre la impotencia sexual, montada por la compañía Caracol de Rivas Cherif, había sido prohibida por el régimen dictatorial de Primo de Rivera en 1929, así que entre los dos acordaron con Margarita Xirgu que en diciembre se montaría La zapatera prodigiosa, obra llena del lenguaje telúrico de las mujeres del campo de Granada. El éxito de ésta animó a Federico a continuar escribiendo para el teatro, sobre todo ahora que se había solidificado su relación con Margarita Xirgu.

      El domingo 12 de abril de 1931, los españoles fueron a las urnas para elegir entre monarquía o república. El voto fue clarísimamente mayoritario a favor de ésta, por lo que el rey Alfonso XIII, antes de que se declararan oficialmente los resultados, decidió dimitir.  La separación de Iglesia y Estado, propugnada por la República, empezó a ser considerada abiertamente anticlerical y ese anticlericalismo empezó a ser una de las marcas del nuevo régimen. Cuando, en octubre, Manuel Azaña fue nombrado Primer Ministro, éste, amigo de Xirgu y en cuya revista literaria, La Pluma, habían aparecido los primeros poemas publicados en Madrid por Lorca, decidió de inmediato involucrar al poeta en las "Misiones Pedagógicas," cuyo objetivo era la construcción de una nueva España democrática que llevaría educación, arte y cultura a los más remotos pueblos del país. Lorca sería Director Artístico del nuevo Teatro Universitario que tendría su barraca en Madrid (de ahí el nombre con que fue identificado el proyecto: La Barraca), pero viajaría constantemente por toda la geografía de España. Las primeras obras elegidas fueron los entremeses cervantinos y La vida es sueño. Así, de la mano de Cervantes y Calderón, se lanzó el teatro a  las calles de los pueblos. Su extraordinario dominio del espacio escénico, tanto como actor, director y productor, dejó a todos con la boca abierta, de forma que, cuando dos años después de concebida la idea de La Barraca, finalmente se acordó el estreno de Bodas de sangre, obra montada sobre la base de una historia de crimen pasional que el poeta había leído en los periódicos, el público la esperó con gran espectativa.  El 8 de marzo de 1933 la crema intelectual de Madrid estaba en el Beatriz, desde los barracos hasta los de la "Resi" y el grupo del 27; desde Miguel de Unamuno a Jacinto Benavente, dramaturgo que había recibido el Nobel de Literatura en 1922. El éxito fue rotundo y colocó a Federico a la cabeza de la producción teatral del momento. Al estreno de Madrid siguieron estrenos en Barcelona, Buenos Aires, Montevideo, México y otras ciudades del mundo hispano.

       Con el arrollante éxito de Bodas de sangre en Buenos Aires, llegó también la invitación a dar unas charlas en la Argentina. El 9 de octubre de 1933, en una escala del barco en Río de Janeiro, Alfonso Reyes, entonces embajador mexicano en Brasil, le entregó copia de la  "Oda a Walt Whitman" que se acababa de publicar en México y que formaba parte de su Poeta en Nueva York. Anunciada por los periódicos desde los primeros días del mes, su llegada a Buenos Aires el 13 de octubre fue tan apoteósica que Neruda, en Buenos Aires en esos días y nada proclive a hablar en estos términos de otros  poetas, llegó a declarar en una conferencia en París en 1937 que había sido testigo en la ciudad del Plata de "la más grande muestra de admiración que jamás había recibido un escritor de nuestra raza." En el Club Amigos del Arte, abarrotado de interesados y curiosos,  Lorca pronunció el día 20 de octubre su genial charla "Juego y teoría del duende." El 25, Lola Membrives volvió a montar Bodas de sangre que fue constantemente interrumpida por las ovaciones exhilarantes del público y que siguió a casa llena por varios meses. El 1º de diciembre se estrenó La zapatera prodigiosa que siguió produciéndole admiradores y dinero en efectivo. Finalmente, al regresar a Madrid, podría independizarse de la tutela económica de sus padres. Lola, que se había sacado la lotería con Federico, le insistió en que terminara Yerma. Para ello se planificó una visita de dos semanas de descanso a Montevideo el 30 de enero de 1934, pero la visita no fue menos económicamente provechosa ni produjo descanso alguno ni la terminación de la obra. De regreso en Buenos Aires el 16 de febrero, Lorca le entregó a Eva Franco su versión de La dama boba de Lope de Vega que tuvo más de 200 representaciones ese año. Con la adulación de Neruda y otros muchos escritores del Plata y el desprecio incondicional de Borges que pensaba que Lorca estaba siempre actuando diferentes papeles (incluso llegó a declarar años después que Lorca era un poeta menor), el poeta dejó Buenos Aires el 27 de marzo de 1934.

      En Madrid le esperaban los ataques de la extrema derecha contra La Barraca a la que llamaban "tropa de homosexuales que pervertía a los campesinos de España." En su visita a la Huerta de San Vicente, donde vivían sus padres en Granada, el poeta terminó Yerma en agosto, la cual se montaría en el Teatro Español en diciembre. El estreno estuvo marcado por las protestas de unos cuantos fascistas que no cesaban de gritarle a la Xirgu: "¡Lesbiana!"  y a Lorca: "¡Marica!"   A pesar de ello, la obra estuvo en cartelera cuatro meses. Todo el año de 1935, Lorca lo dedicó a finalizar proyectos e iniciar nuevos (muchos nunca terminados), dejó La Barraca, cuyo presupuesto había sido eliminado por la derecha, ahora en el poder. Habló con Margarita Xirgu sobre la posibilidad de montar Así que pasen cinco años, una inversión del tema del carpe diem, aunque le mostró su miedo a que el público no la entendiera. Terminó su libro Sonetos del amor oscuro (que no se publicó sino hasta 1986) sonetos que, con su referencia mística a San Juan de la Cruz, señalan el camino del amor homosexual, atormentado, que el poeta había experimentado durante toda su vida.

      El 16 de febrero de 1936, aliados a otros partidos de izquierda, los republicanos obtuvieron una aplastante victoria (267 escaños en las Nuevas Cortes, contra los 132 de las derechas). La coalición, llamada Frente Popular, liberó a todos los presos políticos, prometió subir el sueldo de los trabajadores y maestros y comenzar de inmediato la reforma agraria. Consciente de todo esto, Lorca ofreció una entrevista al periódico La Voz el 7 de abril, en la que anunció que estaba ensayando Así que pasen cinco años, y que estaba también escribiendo una nueva obra de tema socio-económico, pues, decía, había entendido que el hambre no permitía que el hombre pensara. En abril, esperando el telegrama de Margarita Xirgu para que se uniera a él, se entera del triunfo de Yerma en el teatro de Bellas Artes de Ciudad de México.  A este triunfo siguieron los de Doña Rosita la soltera, La zapatera prodigiosa y Bodas de sangre.  En mayo, Federico decidió posponer el estreno de Así que pasen cinco años hasta octubre, pues quería dirigirla él mismo. A su vez reveló que pronto acabaría una nueva obra titulada La casa de Bernarda Alba, sobre el despótico poder de una viuda que oprimía a sus hijas no permitiéndoles salir de la casa, y que ya había comenzado a escribir Los sueños de mi prima Aurelia, de la que sólo existe el primer acto. Cuando terminó las últimas escenas de Bernarda, el 19 de junio de 1936, el clima político por todo el país era exageradamente tenso. El 12 de julio los fascistas asesinaron al teniente José Castillo, declarado militar antifascista; en represalia, en la madrugada del día siguiente, apareció asesinado Calvo Sotelo, líder de la extrema derecha. Las comitivas que asistieron a los dos entierros al día siguiente, una con el puño izquierdo en alto, cantando La Internacional, la otra con el brazo derecho extendido hacia lo alto y cantando el Cara al sol, indicaban claramente lo que iba a pasar en España en los tres años siguientes. El golpe militar era inminente, por lo que todos le amonestaron que se quedara en Madrid, pero el poeta decidió irse a Granada con sus padres. Allí, tras la  recomendación de otros amigos, Federico se fue a la casa del poeta Luis Rosales, miembro de la Falange, quien había protegido a otros, independientemente de su credo político. Cuando el 15 de agosto sus enemigos se dieron a la busca intensa del poeta, todos le recomendaron que se refugiara en la casa de Manuel de Falla, en donde nadie le molestaría. Ya era demasiado tarde; el 16 acordonaron la casa de los Rosales, y por la tarde, un ex miembro del Parlamento, Ramón Ruiz Alonso, llegó buscando, decía, al "maricón de la pajarita" -el poeta siempre se presentaba en público con ese tipo de corbata- a quien el gobierno quería interrogar por todo lo que había escrito. La acusación indicaba que era un escritor subversivo, que tenía una radio clandestina en su casa para comunicarse con los rusos, que era el secretario de Fernando de los Ríos, ministro de Justicia de la República, y sobre todo que era homosexual. De nada sirvieron los enchufes de los Rosales ni la búsqueda desesperada de Falla que lloró desconsoladamente la muerte de su joven amigo. La noche del 18 de agosto, como algunos antes que ellos y muchos más después, en un edificio del pueblo de Víznar llamado La Colonia, que la República había creado para el veraneo de los niños pobres de Granada, Federico, un maestro y dos toreros anarquistas esperaban su ejecución. En la madrugada, conducidos junto al manantial que la gente todavía hoy llama Fuente Grande y que los árabes llamaron "Fuente de las Lágrimas," el genio de García Lorca fue silenciado para siempre. Le había tocado el lado oscuro de la luna, que se negó a brillar aquella noche.
 
 
 

   Brevísima bibliografía selecta

    Federico García Lorca, Obras completas. Tres tomos. Madrid: Aguilar, 1986.

    José Luis Cano, García Lorca, Biografía ilustrada.  Barcelona: Destino, 1962.

    Ian Gibson, Federico García Lorca: A Life. New York: Pantheon Books, 1989.

    _________, Lorca-Dalí: El amor que no pudo ser. Barcelona: Plaza & Janés, 1999.

    Antonina Rodrigo, Margarita Xirgu y su teatro.  Barcelona: Planeta, 1974.

    Felicia Hardison Londré, Federico García Lorca. New York: Frederick Ungar, 1984.



 
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